Historia de la UGR

La Universidad de Granada. Desde su fundación a la época actual.

No cabe duda que la Universidad de Granada es la institución docente más importante de cuantas se proyectaron en la Junta de la Capilla Real. La visita del Emperador Carlos V a Granada, en junio de 1526, va a tener consecuencias inmediatas para la cultura hispana. Granada, a pesar de no contar con una tradición medieval cristiana, se abre a la nueva espiritualidad importada de Castilla.

Los moriscos, aprovechando la estancia imperial,  presentaron al monarca un Memorial  en el que denunciaban los abusos que padecían por parte de la jurisdicción civil y eclesiástica. La petición pasó al Consejo Real que ordenó una inspección a todos los lugares del Reino. La inspección desautorizó  lo expuesto en el  Memorial  y puso de manifiesto el fracaso de la política llevada a cabo por los vencedores y la resistencia del pueblo morisco a perder sus signos de identidad.

Ante el panorama  desolador de la diócesis  se reúne una Junta o Congregación  en la Capilla Real, que será un acontecimiento decisivo porque en ella se gestaron las primeras instituciones docentes granadinas. Así se expresa en la carta real de merced, de 7 de diciembre de 1526, dirigida al arzobispo fray Pedro Ramiro de Alba  que contiene parte de los acuerdos de la Congregación, y que diseña la fundación del Colegio Real de Santa Cruz de la Fe,  de una escuela para cien niños moriscos, después Colegio de San Miguel y de las escuelas parroquiales para adoctrinar a los morisquillos. De  la misma fecha es la real cédula que exclusivamente se refiere a la fundación de un Estudio General de Lógica, Filosofía, Teología, Cánones y casos de conciencia, en el que asumirían la docencia cuatro maestros que ostentarían las primeras cuatro prebendas que vacaren, dos en la Catedral y dos en la Capilla Real.

El 14 de julio de 1531, el papa Clemente VII expidió la bula confirmatoria y carta ejecutoria concediendo al Estudio General de Granada las mismas prerrogativas, privilegios y facultades que a los de Bolonia, París, Salamanca y Alcalá y nombrando al arzobispo protector de la institución.   Recibida la bula, don Gaspar de Ávalos, el 19 de mayo de 1532, celebró  su apertura oficial, se levantó acta y se hizo constar que era el primer acto público de la Universidad. Lógicamente adopto el escudo de su  fundador en el que se reflejan los acontecimientos políticos y militares de su reinado.

En estos primeros años observamos todo un cuadro de normalidad universitaria. La Universidad confiere grados, practica vejámenes, provee cátedras y tiene rector, canciller, consiliarios y diputados. Sin embargo, debe resolver dos problemas importantes, el de su dotación y ubicación, unido al hecho de necesitar un marco de referencia estatutaria.

El Emperador prometió un millón de maravedíes de renta pero la realidad es que, en la práctica, la más importante institución docente quedó sin dotación y a expensas de la generosidad de los prelados. El Emperador diseña su proyecto, promete renta y traslada la responsabilidad a los arzobispos para que lo hicieran viable.

El segundo problema a resolver fue la ubicación de la institución. En principio el Estudio General se proyectó junto al monasterio de San Jerónimo pero fray Pedro Ramiro de Alba, con el pretexto de que el lugar estaba rodeado de espacios libres que invitarían al paseo y distracción de los estudiantes, inició los trámites para cambiarlo por otro frente a la Catedral. El Concejo  se opuso al cambio alegando que su proximidad a la plaza de Bibarrambra, recinto de fiestas, recorrido de presos y lugar de ejecución de sentencias, impediría el normal desarrollo de la docencia.

A pesar de las apelaciones Carlos V resolvió el litigio a favor del arzobispo que consiguió su propósito de reunir en un mismo espacio al Estudio General y Colegio Real, enclavados en el edificio de la Curia Eclesiástica, frente a la Catedral, donde permanecieron durante más de 250 años.

Las obras del edificio finalizaron totalmente en 1540, aunque al ser habilitadas algunas estancias y techado en 1534 permitió la impartición de clases y colación de grados. En su portada quedaron perpetuados los escudos de su fundador y de su protector y en sus ventanas el lema de la fundación: Esta Universidad fue fundada para ahuyentar la ignorancia de los infieles, por mandado del cristianísimo Carlos, siempre augusto, Rey de las Españas y con trabajo e industria del ilustrísimo  y reverendísimo don Gaspar de Ávalos, arzobispo de Granada, en el año del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo de 1532.

El 15 de octubre de 1540 el claustro nombró una comisión para redactar las Constituciones. El 6 de mayo del mismo año se presentó el borrador en el claustro pero recibió tantas enmiendas que obligó a nombrar otra comisión que elaboró un nuevo proyecto.

En estos primeros años las medidas para consolidar la institución se suceden. Son años de expansión en los que goza de cierta autonomía y las relaciones con los prelados son de concordia y colaboración.

La rebelión morisca influyó negativamente en el desarrollo de la Universidad, sofocada ésta la Universidad intenta retomar su protagonismo. La Corona enviaba visitadores para inspeccionar su estado, en 1564 el  nombramiento recae en don Pedro de Castro,  de su informe  se deduce que la institución necesitaba reformas importantes para solucionar sus problemas económicos y docentes.

No obstante, a finales del siglo XVI las corrientes seculares se dejan sentir en el ámbito granadino, ni que decir tiene que la Universidad, como centro  del saber, intenta convertirse en civil y emanciparse de la jurisdicción eclesiástica. Esta etapa coincide con el episcopado de don Pedro de Castro que llegó a Granada en 1590 y se opuso enérgicamente a la entrada de estas corrientes en el claustro. Desde su llegada a la diócesis dotó cátedras y prestó ayuda económica,  pero como contrapartida quiso imponer a toda costa la autoridad que como  protector y administrador le asignaba la bula, no sin las protestas del claustro que no tuvieron repercusión porque los clérigos ostentaban la mayoría claustral.

Los colegios universitarios asumen un papel importante en el panorama universitario granadino, caminaban junto a la Universidad en el campo pedagógico y científico y tenían un fin humanitario, social y cultural. Sin olvidar que eran instituciones con un gran significado social, tanto  por la concepción de la vida que propugnaban como por las posibilidades de promoción humana que tenían sus colegiales, representando auténticas élites de poder en la sociedad.

La propia historia de la Universidad está unida a la del Colegio Real de Santa Cruz de la Fe, el más prestigioso de los granadinos, en la que ejerce un gran protagonismo a través de sus cuadros rectores que, con frecuencia, eran colegiales reales, y a la que disputa el espacio y sus funciones.

Los estudios más frecuentes eran  Humanidades en los menores o seminarios y Artes, Teología y Cánones en los que exigían el grado de bachiller y que funcionaban al amparo de la Universidad. A ella asistían sus colegiales a clase y en ella obtenían los grados académicos

La mayoría de los colegios se fundan en el siglo XVI, sólo el colegio seminario Eclesiástico de San Cecilio se funda a raíz de la conquista de la ciudad. Eran éstos: el colegio seminario de San Jerónimo, Santa Catalina (que a pesar de ser un seminario funciona como colegio mayor), San Pablo y San Miguel (que evolucionó desde una escuela de primeras letras  a un seminario). San Dionisio Aeropagita (Sacromonte) y Santiago se fundan en el siglo XVII y el de San Fernando aunque fue un proyecto del Emperador abre sus puertas en 1758.

No es la de Granada una Universidad totalmente colegial pero sí esta instancia logra un gran poder. Una nota distintiva de los colegios granadinos es que mientras la Universidad española va eliminando el poder colegial, en Granada  el  aumento de las fundaciones colegiales es un hecho constatable.

Es esta la Universidad heredada en el siglo XVIII, la entrada de los Borbones no cambia, en principio, la política universitaria. Sin embargo,  la aparición de la ciencia moderna y el auge de las ciencias experimentales favorecen el reformismo borbónico y la defensa de los intereses de la Corona frente a los de la Iglesia, cuestión que es una constante en la Universidad granadina.

Tras la expulsión de los jesuitas, en 1767, el arzobispo don Pedro Antonio Barroeta y Ángel solicitó el edificio del Colegio de San Pablo –actual Facultad de Derecho- para trasladar a este espacio la Universidad, el Colegio Real y el de Santa Catalina, sustituyendo  el escudo del Emperador por el suyo propio en la portada del primitivo edificio.

Carlos III por real cédula de 26 de agosto de 1769 accedió al traslado, que de hecho ya se había efectuado dos meses antes. De esta manera las tres instituciones, aunque en distintas fechas, ocuparon el colegio paulino, que desde 1556 perteneció a la Compañía de Jesús. A medida que surgían nuevas Facultades se instalaban en este edificio (Derecho, Ciencias, Filosofía y Letras y Farmacia), junto a los Servicios Centrales, la Biblioteca, el Archivo y el observatorio Astronómico.

Carlos III dota a la Universidad de un nuevo Plan de Estudios, el de Granada se remonta a 1776 y establece la mayor o menor importancia de las disciplinas, la organización de las Facultades, el control de las cátedras y selección del profesorado, los libros de texto y los horarios. También ordena que cada Universidad tuviera un jardín botánico, un laboratorio y un hospital.

A comienzos del siglo XIX, mediante real cédula 5 de julio de 1807, se aprobó un nuevo Plan de Estudios que reforma la enseñanza, suprime las universidades de Toledo, Ávila y Baeza y refuerza otras, entre las que se encuentra Granada, pero la Universidad granadina no logra salir de la crisis.

Hemos de esperar al Plan Calonarde, 14 de octubre de 1834, centralizador y común  a todas la Universidades para  que se produzca la  regulación de las Facultades (Humanidades y Lenguas, Filosofía, Teología, Cánones y Medicina), los métodos y procedimientos didácticos, el calendario universitario, los exámenes, las retribuciones del profesorado, etc.

En una España decadente y cuando la Universidad española padece serios problemas, emergen nuevas corrientes de pensamiento. La incorporación de los intelectuales exiliados por la monarquía isabelina dio lugar al Krausismo español, fundado por el soriano Julián Sanz del Río, alumno del colegio sacromontano. Sus discípulos son continuadores de sus ideas y formaron a nuevas generaciones en el krausismo español.

La restauración de 1875 de la mano de Cánovas del Castillo significó la vuelta al control ideológico. Un año después, surge la Institución Libre de Enseñanza que aglutina a los intelectuales progresistas y que propugnó un paradigma cultural más abierto.

En todo caso, es una etapa de desarrollo cultural para la ciudad y de florecimiento de la Universidad. Se crea la Sociedad Económica de Amigos del País, El Ateneo Escolar Médico, El Liceo Artístico y Literario, La Academia de Bellas Artes, etc.

La expulsión de la Compañía de Jesús y la incautación de la finca de su propiedad “Cercado Alto de Cartuja”, propició que un grupo de universitarios liderados por el  rector Alejandro Otero y el vicerrector Antonio Marín Ocete diseñaran un proyecto que reuniera en la finca todas las Facultades, Residencias y Servicios universitarios pero la guerra civil impidió su realización.

Finalizada la contienda la Universidad comenzó su expansión pero siempre en torno al casco histórico, plaza de la Universidad, calles de San Jerónimo, Duquesa y Puentezuelas, delimitado por la Facultad de Medicina. La Universidad se va recuperando y será en la década de 1950 a 1960 la tercera Universidad española.

Es justamente en la siguiente década cuando se produce la explosión demográfica con el considerable aumento del alumnado. Las nuevas necesidades de expansión determinaron la salida del espacio tradicional con la creación del Campus Universitario de Fuentenueva al que, en 1970, se trasladó la Facultad de Ciencias. Al configurarse otros Centros y servicios universitarios este espacio los ha recibido

Poco después se produjo otra remodelación importante y en cierta medida sucesora del proyecto de la II República: el Campus Universitario de Cartuja. A comienzos de 1971 la Compañía de Jesús, ya restituidos sus bienes, transfirió casi toda la finca del “Cercado Alto de Cartuja” al Estado. Tras una serie de acuerdos de colaboración entre la Universidad y la Facultad de Teología, gestionados por el rector Mayor Zaragoza y el provincial de los jesuitas Matías Cortés, la Compañía cedió la finca para que se construyera el actual Campus.

La primera Facultad del Campus, inaugurada en 1976, fue la de Filosofía y Letras. A medida que la Universidad responde a su crecimiento y necesita ampliar sus infraestructuras se construyen en este espacio que descongestiona el centro neurálgico y cuyo primer edificio fue el Colegio Máximo que acoge también la Editorial Universidad de Granada. Por otra parte, con la construcción de servicios deportivos, comedores y otros centros, se va completando el concepto global de Campus Universitario, cuya última actuación ha sido en su entorno y viales.

Frente a esta expansión lineal la Universidad sigue manteniendo una presencia significativa en el centro histórico de la ciudad. En 1980 el Hospital Real pasó a ser la sede de los Servicios centrales y de Gobierno, y de la Biblioteca Universitaria.

Al mismo tiempo, su presencia en la ciudad queda reafirmada con la rehabilitación, el mantenimiento o la utilización de otros edificios, de carácter más o menos histórico, que constituyen un importante patrimonio: Facultad de Derecho, Madraza, palacio de los Condes de Luque, Universidad Euroárabe, Hospital de Santa Cruz, Corrala de Santiago, Carmen de la Victoria, Casa de Porras, Hospital de la Virgen, Hospital de San Cecilio, escuela de Estudios Árabes, etc., etc.

La universidad de Granada, con un área de influencia en el Magreb (Ceuta y Melilla), ha asistido a una importante renovación de los estudios universitarios, que culminan con la aprobación de los actuales Estatutos que sin duda proporcionan la fuerza y el dinamismo necesarios a la Institución.

Y del pasado al presente, el nuevo marco legal generó importantes cambios estructurales reflejados en la creación de nuevas Facultades y Títulos propios, Institutos Universitarios, Departamentos, Enseñanzas Virtuales, nuevos complejos universitarios (Parque de las Ciencias, Campus de la Salud), la extensa red de servicios y estructuras de gestión y administración de apoyo a la comunidad universitaria, los nuevos Convenios y Relaciones Internacionales, los  Programas de movilidad, los Másteres oficiales y Doctorado, etc. Esta siempre incompleta relación viene a corroborar que la de Granada es una  dinámica y gran Universidad que, por el número de alumnas y alumnos y la calidad de su producción científica e impacto de la investigación en los índices de calidad (en este momento analiza su posición en los rankings internacionales y diseña estrategias de futuro para mejorarla), es ya por sí misma un factor de desarrollo de enorme importancia para una ciudad sobre la que proyecta su actividad, a través de sus áreas de actuación: Docencia, Investigación, Transferencia del Conocimiento, Internacionalización y Proyección Social.

Hoy se sitúa entre las primeras ocho españolas, con más de sesenta mil estudiantes, repartidos en  28 Facultades y Escuelas Universitarias y con una probada voluntad de servicio público y de ser motor de progreso intelectual y desarrollo socioeconómico y cultural.

La Universidad es el lugar privilegiado donde se transmiten los saberes y se desarrolla la investigación para abrir la ciencia a una renovada visión de futuro, donde la honradez intelectual, la solidaridad, la excelencia, la igualdad de género, la transferencia del conocimiento, el intercambio internacional, la dotación de competencias curriculares a su alumnado y la consolidación de los nuevos planes de estudios, entre otros retos,  propicien una preparación integral e integradora que coadyuve a la Universidad a elaborar la cultura del encuentro, del diálogo intracultural e intercultural y de la acogida de las diferentes tradiciones culturales y religiosas para apostar  por la no discriminación, ni ideológica, ni religiosa, ni sexista, ni étnica.

La Universidad de Granada se inserta en su pasado  y se proyecta en un futuro, sólida e incluso optimista frente a lo conseguido y ante el quehacer apasionante que ambiciona. Su historia está repleta de luchas por alcanzar su autonomía, de éxitos por lo conseguido y de expectativas ante el futuro prometedor del Alma Mater Granatensis.

María del Carmen CALERO PALACIOS
Catedrática de Ciencias y Técnicas Historiográficas
Instituto de Investigación y Estudios de las Mujeres y de  Género
Universidad de Granada

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